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Covid-19: Cómo afrontar la recuperación de la economía

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Para lidiar con el legado de la pandemia los gobiernos tendrán que encontrar la manera de navegar entre los estímulos y las restricciones para lograr una recuperación sostenible de la economía.

Los distintos líderes nacionales suelen referirse a la lucha contra la Covid-19 como una guerra. Pese a tratarse de una metáfora, en ocasiones muy manida, en lo que respecta a la deuda pública puede que tengan incluso más razón en categorizarlo así de lo que ellos pueden pensar. La deuda de los gobiernos puede alcanzar niveles solo antes vistos tras la II Guerra Mundial en 1945.

Mientras la economía prácticamente se paralizaba los gobiernos sólo han podido paliar el frenazo “extendiendo cheques” con ayudas a familias y a empresas para sobrevivir al confinamiento. Sin embargo, los ingresos fiscales que estos reciben  (los gobiernos) también se paralizaban por el propio cierre de fábricas. Cuando acaben de lidiar con la crisis sanitaria tendrán que lidiar con las consecuencias económicas.

El FMI calcula que la deuda pública de los gobiernos podría pasar de 6 billones de dólares a 66 billones de dólares a cierre de este año 2020 (del 105% al 122% del PIB), un incremento mayor que el de cualquier año durante la crisis financiera. La gestión de esa deuda lastrará las sociedades occidentales durante décadas.

A día de hoy parece que no es tan importante para la economía la deuda como los intereses que esta genera, así que mientras los tipos permanezcan bajos endeudarse es barato. En 2019, EEUU gastó un 1,8% de su PIB en pagar intereses, menos de lo que gastó 20 años antes. En ese mismo año, la deuda pública de Japón alcanzó el 240% de su PIB pero no hay signos de que no sea sostenible. En países que imprimen su propia moneda los bancos centrales pueden mantener los tipos de interés bajos comprando bonos, como han hecho a una escala sin precedentes al inicio de la crisis sanitaria.

Si a esto le sumamos que no hay riesgo de inflación, entre otras cosas por el bajo precio del petróleo, a muchos economistas no les preocupa que un país se endeude sino que no lo hagan lo necesario.

El problema es que “el papel lo aguanta todo” y pese a que en teoría este modus operandi es factible y hasta puede parecer óptimo, en la práctica estás hipotecando el futuro de las siguientes generaciones de un país al cargarles de una deuda que tendrán que seguir pagando y que, limitará su capacidad futura para hacer frente a nuevos imprevistos y nuevas crisis.

Medidas como el reciente plan de recuperación de la Comisión Europea ofrecen un alivio a países con problemas para cumplir con sus presupuestos de déficit, como es el caso de España e Italia.

Lo cierto es que la recuperación de la economía dependerá en gran medida de la evolución del virus y cómo nos podamos enfrentar a él, lo que a día de hoy sigue siendo una incógnita.

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