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Latinoamérica en la economía mundial

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Latinoamérica es una región con un evidente descontento que viene de antes incluso que la pandemia dónde no parece que haya mucho espacio para la moderación, el compromiso y las reformas graduales necesarias para ser próspera y pacífica. Y esto importa no sólo a la propia América Latina sino al resto del mundo y su economía.

Latinoamérica juega un papel vital en la economía mundial ayudando a lidiar con problemas a escala global desde el cambio climático a la seguridad alimentaria. En ella se encuentra no sólo la mayor reserva de la biosfera y principal pulmón del planeta, la Amazonia, también una de las mayores reservas de agua dulce del planeta y una gran cantidad de materias primas necesarias para desarrollar una energía limpia como son el litio y el cobre. Es también una gran exportadora de alimentos y podría incluso exportar más.

No hace tanto, el futuro de Latinoamérica era prometedor. Un boom en las materias primas trajo un crecimiento económico sostenible y proporcionó a los políticos el dinero para experimentar con nuevas políticas sociales que permitieron reducir la pobreza entre la población y acortar la extrema desigualdad entre clases haciendo que la clase media creciese.

El problema viene cuando Latinoamérica entra en lo que los economistas llaman “trampa del desarrollo”. Su economía ha sufrido una década de crecimiento más lento del esperado y su población más joven, que está más preparada que sus padres, no ha encontrado las oportunidades para crecer y ha puesto sus ojos en la clase política a la que ha acusado de ser corrupta e incapaz de llevar a cabo las reformas necesarias para adaptarse a la estanflación vivida.

Lo cierto es que la diferencia de productividad con regiones más desarrolladas se ha acrecentado con respecto a los 80. Con demasiados monopolios, auspiciados en parte por la clase política, y con escasa innovación, Latinoamérica se está quedando atrás en la economía del siglo XXI.

El problema político

La consolidación de la democracia solía ser considerada un camino sin vuelta atrás, pero en el continente suramericano vemos que las democracias, si no se cuidan, pueden decaer fácilmente. Esto es un toque de atención al resto del mundo que puede ver qué es lo que pasa cuando la política está marcada por la polarización, la fragmentación y la extrema debilidad de los partidos políticos que prácticamente imposibilitan formar mayorías para gobernar diligentemente.

Estos problemas no son exclusivos de Latinoamérica, sino que se dan en todo el mundo, pero son especialmente agudos y pronunciados en esta región del cono sur. La mayoría de latinoamericanos siguen siendo partidarios de la democracia, incluso de mejorar la que ya tienen pero observamos como hay un movimiento favorable a líderes autocráticos muy preocupante.

El riesgo no es sólo que las democracias se vuelvan dictaduras, sino que Latinoamérica se aparte de la órbita de Occidente. En muchas regiones, China se ha convertido en el principal socio de comercio y está invirtiendo en infraestructura local. En este punto especialmente debemos poner el foque en Europa y EE.UU. que deberían hacer un mayor esfuerzo por estrechar lazos mediante la inversión y la tecnología.

Perspectivas

Con la situación actual de guerra en Ucrania y el alza en los precios de las materias primas es tentador obviar los problemas estructurales y aprovecharse de la coyuntura, pero a largo plazo no saldría rentable. Es necesario que las nuevas generaciones asienten unas nuevas bases democrática, económicas y sociales y que se vuelva a trabajar en consenso o el futuro no será muy alentador.

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