Insuficiente coordinación mundial para una recuperación firme

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La economista jefe del Grupo Edmond de Rothschild, la Dra. Mathilde Lemoine, ha publicado sus previsiones de crecimiento, inflación y tipos de cambio para 2021 y 2022. Los puntos clave son:
• Aunque el crecimiento está repuntando con fuerza con el fin de los confinamientos y el despliegue de las campañas de vacunación en los países desarrollados, Mathilde Lemoine está preocupada por el efecto combinado del resurgimiento de los casos de la COVID-19 en Asia y la insuficiente tasa de vacunación.
• Al contrario que algunas organizaciones internacionales, las previsiones de crecimiento mundial para 2021 se han revisado a la baja. Sin embargo, los países de la ASEAN, con un crecimiento decepcionante, podrían registrar un mayor repunte del crecimiento en 2022 en comparación con 2021.
• La economista jefe pide que el G20 se comprometa con la inmunidad de rebaño. De lo contrario, la recuperación del crecimiento mundial será más lenta de lo previsto y, sobre todo, más desigual.
• La rentabilidad superior de EE.UU. ha llevado al desorden de las estrategias de salida de las políticas monetarias. Este es el peor escenario para los inversores.

En su última publicación, la economista jefe del Grupo Edmond de Rothschild ha puesto de relieve la discrepancia entre los resultados superiores de Estados Unidos, la recuperación de la eurozona y el crecimiento asiático, que se está viendo mermado por las bajas tasas de vacunación y las continuas restricciones fronterizas. Según Mathilde Lemoine, el crecimiento mundial podría estar por debajo de las expectativas en 2021. Lemoine prevé un crecimiento mundial del 5,2% en 2021, suponiendo un compromiso del G20 para lograr la inmunidad de rebaño, y del 4,9% en 2022.
«Para lograr una recuperación económica mundial más coordinada, el G20 tendrá que comprometerse a buscar la inmunidad de rebaño. La falta de compromiso con la inmunidad de rebaño por parte de los jefes de estado y de gobierno es un revés para la recuperación económica mundial colectiva», afirma Mathilde Lemoine.

ANÁLISIS :

1. La recuperación está directamente correlacionada con el levantamiento de las restricciones sanitarias, que a su vez está influenciado por las tasas de vacunación. Sin embargo, el G20, que representa el 85% de la población mundial y dos tercios del crecimiento global, no ha conseguido llegar a un consenso sobre el objetivo de la inmunidad colectiva, que, según la fuente, requiere una tasa de vacunación del 70% al 80%. Según Mathilde Lemoine, la posición de la Unión Europea es insostenible. La UE quiere gestionar y decidir las dosis de vacunas que se envían a los países más pobres a través de la iniciativa COVAX que ayudó a crear. En consecuencia, la magnitud de la recuperación mundial sigue estando sujeta a un resurgimiento de la epidemia, que sigue pesando en las tendencias de las perspectivas de crecimiento.

2. El impulso de la recuperación seguirá variando entre Estados Unidos y la eurozona. En Estados Unidos, el plan de infraestructuras debería limitar los efectos negativos del fin de las ayudas a los hogares. En Europa, se espera que la aplicación del paquete de recuperación de la «Next Generation EU» genere 0,2 puntos más de crecimiento a finales de 2022. Sin embargo, la situación económica de la eurozona se basa en la inversión pública y privada y, por tanto, en la capacidad del BCE para mantener unas condiciones crediticias acomodaticias para las PYMES.

3. En Asia, mientras las economías del sudeste asiático sigan sujetas a las restricciones de la COVID-19, la disparidad de la recuperación socavará su solidez y no logrará borrar los impactos de la pandemia en el PIB per cápita. Los equipos de investigación prevén una aceleración del crecimiento en Asia y en los países de la ASEAN en 2022, tras un resurgimiento de la actividad más lento de lo previsto en 2021.

El carácter fragmentario de la recuperación, detallado en el documento adjunto, está generando disparidades en las políticas de salida del apoyo monetario aplicadas para hacer frente a la pandemia. Este es el peor escenario para los inversores y los gobiernos, que podrían así enfrentarse a la inestabilidad financiera a menos que se adopte un enfoque coordinado, similar al de la crisis financiera.

«Hoy en día, los inversores subestiman las consecuencias del cambio de paradigma de la Fed hacia un objetivo de inflación media», afirma Mathilde Lemoine. «Al redefinir su objetivo de inflación, el banco central estadounidense está obligando a los demás bancos centrales a establecer una posición de respuesta. Los europeos están perdiendo parte de la independencia monetaria establecida por la coordinación mundial de las directrices de política monetaria. Ante estas divergencias, el refuerzo de la coordinación mundial es la única manera de limitar la volatilidad y el aumento de la prima de riesgo».

A más largo plazo, Mathilde Lemoine sigue afirmando que la pandemia de la COVID-19 tendrá un impacto duradero en la oferta de trabajo. Los países que no apliquen políticas para evitar el deterioro de la calidad de la oferta de trabajo verán debilitada su capacidad de reembolso de la deuda pública. En este sentido, Europa está por detrás de los Estados Unidos de Joe Biden y de la China de Xi Jinping.

SOBRE EL GRUPO EDMOND DE ROTHSCHILD

Edmond de Rothschild es una casa de inversiones basada en convicciones y asentada sobre la idea de que la riqueza debe servir para construir el futuro. Edmond de Rothschild está especializada en banca privada y gestión de activos. Al servicio de tanto clientes internacionales, como familias, empresarios e inversores institucionales, el Grupo también cuenta con otras líneas de negocio, como Corporate Finance, Private Equity, Real Estate y Fund Services.

El carácter familiar de Edmond de Rothschild le garantiza la independencia necesaria para ofrecer estrategias audaces e inversiones a largo plazo, arraigadas en la economía real. Fundado en 1953, el Grupo cuenta hoy con CHF 168 000 millones en activos gestionados, 2500 empleados y 33 sedes en todo el mundo.

La inclinación de la Fed a endurecer su política es solo el principio

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Keith Wade, economista jefe de Schroders

La última reunión del Comité Federal de Mercado Abierto no supuso ningún cambio en la configuración de su política, pero sí una clara y, en nuestra opinión, oportuna inclinación hacia medidas más agresivas en el futuro.

Hubo pocos cambios en la declaración que la acompañó, salvo que la Reserva Federal (Fed) parece reconocer que los riesgos a la baja relacionados con el Covid se han reducido gracias al progreso del programa de vacunación. La declaración publicada tras la reunión de dos días del FOMC se centró en gran medida en las proyecciones económicas de la Fed y en el «dot plot», su gráfico que representa las expectativas para los tipos de interés previstas por 18 miembros del comité.

La mejora de las previsiones de crecimiento e inflación para este año no fue una sorpresa, pero el aumento del número de miembros del FOMC que prevén una subida de los tipos de interés para finales de 2023 sí cogió a los mercados por sorpresa.

La mediana de las previsiones de tipos para finales de 2023 subió al 0,625%. El consenso al inicio de la reunión era que no habría cambios respecto a los niveles actuales. También hubo un notable aumento en el número de miembros que esperan tipos más altos para finales de 2022, aunque la mediana se mantuvo sin cambios en este horizonte temporal.

En su conferencia de prensa, el presidente Powell reconoció que el comité estaba ahora «comenzando a hablar» sobre el tapering y «la posibilidad de que la inflación resulte ser más alta y duradera de lo que esperamos», dados los cuellos de botella que se están produciendo en la reapertura de la economía.

Las proyecciones de la Fed dejan claro que el repunte de la inflación se considera transitorio, pero se ha producido un cambio significativo en las expectativas para este año tras los últimos datos.

Estos movimientos acercan a la Fed a nuestras propias proyecciones, en las que prevemos que el banco central iniciará el tapering a finales de este año y subirá los tipos a finales de 2022. Nuestra opinión se basa en la fortaleza del crecimiento que probablemente veremos en el segundo y tercer trimestre de este año y en las perspectivas favorables que se mantienen. Esto significa que nos preocupa que la economía se dirija hacia una mayor inflación, incluso si el repunte actual resulta ser transitorio. Esperamos que las presiones inflacionistas disminuyan este año, pero que vuelvan a aumentar en 2022, a medida que se cierre la brecha de producción y se recaliente la economía. A la Fed le resultará difícil permanecer pasiva en este entorno y tendrá que actuar para evitar un aumento significativo de las expectativas de inflación que, por supuesto, alimentaría un incremento sostenido de la inflación a través de un mayor crecimiento de los salarios.

Información importante: Los puntos de vista y opiniones aquí contenidos son los Keith Wade, economista jefe de Schroders, y no necesariamente representan puntos de vista expresados o reflejados en otras comunicaciones, estrategias o fondos de Schroders. Este material tiene la intención de ser sólo para fines informativos y no tiene la intención de ser material promocional en ningún sentido. El material no pretende ser una oferta o solicitud de compra o venta de ningún instrumento financiero. El material no tiene la intención de proporcionar y no se debe confiar en él para la contabilidad, asesoramiento jurídico o fiscal, o recomendaciones de inversión. No se debe confiar en las opiniones y la información de este documento cuando se toman decisiones individuales de inversión y/o estratégicas. Las rentabilidades pasadas no son una guía para las rentabilidades futuras y es posible que no se repitan. El valor de las inversiones y los ingresos de las mismas pueden disminuir o aumentar, y los inversores pueden no recuperar las cantidades invertidas originalmente. Todas las inversiones implican riesgos, incluido el riesgo de una posible pérdida de capital. Se cree que la información aquí contenida es fiable, pero Schroders no garantiza su integridad o exactitud. No se debe confiar en las opiniones y la información de este documento cuando se toman decisiones individuales de inversión y/o estratégicas. Los dictámenes de este documento incluyen algunos pronósticos. Creemos que estamos basando nuestras expectativas y creencias en suposiciones razonables dentro de los límites de lo que sabemos actualmente. Sin embargo, no hay garantía de que se vayan a realizar previsiones u opiniones. Estos puntos de vista y opiniones pueden cambiar.

Optimismo prudente, a pesar de los riesgos idiosincráticos en Turquía y Brasil

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La deuda emergente cayó con fuerza ante la posibilidad de que la reflación provocara una subida de tipos de interés por parte de la Reserva Federal antes de lo previsto. El rendimiento de los títulos del Tesoro estadounidense subió, ya que los inversores comenzaron a plantearse la posibilidad de una aceleración del crecimiento. La debilidad generalizada de las divisas frente al dólar también redujo la rentabilidad total de las emisiones denominadas en divisa local ante el aumento de los rendimientos.

Entre los títulos de deuda soberana denominada en divisa local, los resultados de la deuda turca fueron especialmente negativos. La decisión del presidente turco Recep Tayyip Erdoğan de despedir al gobernador del banco central Naci Ağbal se produjo dos días después de la subida de tipos de interés aprobada para contrarrestar el aumento de la inflación. La credibilidad política se ha visto muy afectada: el nuevo gobernador, Şahap Kavcıoğlu, parece compartir la poco ortodoxa opinión de Erdogan de que unos tipos más altos provocan inflación. La deuda soberana y la divisa de Brasil se vieron sometidas a una fuerte presión. El aumento de los casos de COVID-19 y la escasa respuesta a la pandemia por parte del gobierno agravaron la debilidad y la incertidumbre de las perspectivas. La destitución del director general de la petrolera Petrobras por parte del presidente del país Jair Bolsonaro inquietó aún más a los inversores, ante la posibilidad de que la medida pudiera indicar un cambio hacia la intervención del mercado. La deuda pública denominada en divisa local registró caídas superiores al 10%, ya que los inversores extranjeros optaron por liquidar sus posiciones.

A pesar de la reciente volatilidad que han registrado los mercados, mantenemos un optimismo prudente sobre las perspectivas a largo plazo. El riesgo de que los rendimientos de los títulos del Tesoro estadounidense continúen subiendo, al igual que ocurrió durante el periodo de retirada de estímulos monetarios por parte de la Reserva Federal en 2013, se ha reducido en cierta medida. Entre los factores que han favorecido esta reducción del riesgo destacan el abaratamiento de las divisas y la reducción de los desequilibrios de las balanzas externas y fiscales. El optimismo en relación con las expectativas de crecimiento de la economía mundial y la subida de los precios de las materias primas también podrían favorecer las valoraciones a largo plazo. La deuda soberana denominada en dólares continúa ofreciendo ciertas oportunidades de valor, ya que los diferenciales de los mercados emergentes con calificación inferior a grado de inversión siguen siendo amplios en relación con los mercados con calificación de grado de inversión. Las valoraciones de los emisores de deuda de grado de inversión denominada en dólares se han ajustado, lo que parece aconsejar una reducción de la exposición. Por otro lado, la caída de las valoraciones de las divisas podría mejorar ligeramente el potencial de rentabilidad de algunos mercados locales.

El punto de inflexión de las infraestructuras

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Gershon Cohen
Gershon Cohen, Global Head of Infrastructure Funds, ASI

Al mismo tiempo que escribo estas perspectivas sobre las infraestructuras bajo regimen de concesión , El Primer Ministro del Reino Unido, Boris Johnson, y el destacado medioambientalista Sir David Attenborough están presentando la próxima cumbre del clima COP26 de las Naciones Unidas (ONU). Esta se celebrará en Glasgow en noviembre de 2021. Las principales economías del mundo se han comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero durante la próxima década, y cada país decidirá cómo contribuirá a mantener el aumento de la temperatura global muy por debajo de los 2⁰C. Las infraestructuras desempeñarán un papel clave en los objetivos del cambio climático.

Las razones macroeconómicas para invertir en infraestructuras nacionales nuevas y existentes no han cambiado. En todo caso, la necesidad de acelerar las inversiones es cada vez más acuciante. El crecimiento demográfico, la urbanización, la industrialización, la competitividad y el deseo de mantener y mejorar el nivel de vida de los ciudadanos son los principales argumentos. La demanda actual de inversión en infraestructuras se ha visto exacerbada por la falta de inversión en el pasado y el crecimiento de la movilidad.

Las oportunidades de inversión en infraestructuras abarcan múltiples sectores que prestan servicios públicos esenciales. Por lo general, estos proyectos pretenden generar ingresos sostenibles a largo plazo, al tiempo que tratan de salvaguardar el medio ambiente y/o aportar beneficios sociales. Incluyen proyectos energéticos, planes de transporte, puertos aéreos y marítimos, instalaciones de gestión de residuos, escuelas y hospitales. Se trata de sistemas físicos básicos que se consideran esenciales para impulsar la productividad de la economía. Las actuales presiones fiscales y la necesidad de que los gobiernos adopten disciplinas más comerciales están poniendo de manifiesto la necesidad de contar con la experiencia y el capital del sector privado.

La presión fiscal tras la crisis financiera mundial de 2008 y la actual pandemia mundial de coronavirus ha afectado a la inversión en infraestructuras. Los gobiernos son cada vez más incapaces de financiar proyectos de infraestructuras con fuentes tradicionales, como los impuestos. Esto ha llevado a una mayor necesidad de capital privado. Pero también ha creado la necesidad de que el sector público dé prioridad a sectores clave en los que invertir, como la energía y el transporte. Esto nos lleva a un punto de inflexión interesante, pero actual. Las infraestructuras de generación de energía y transporte que se necesitan para los próximos 30 años han sido históricamente un factor clave en los niveles de gases de efecto invernadero que ahora son peligrosos.

En respuesta, los gobiernos intentan ahora evitar más cambios climáticos adversos y salvaguardar los recursos naturales. En el centro de las agendas fiscales «verdes» está la inversión en proyectos de infraestructura. Entre ellos se encuentran los generadores de energía con cero emisiones de carbono, las plantas de reciclaje de residuos, el almacenamiento de baterías, las redes de recarga de automóviles y los sistemas de gestión del agua. Resulta alentador que el descenso de los costes tecnológicos y las economías de escala estén aumentando los beneficios, lo que está impulsando nuevos flujos de inversión en activos de infraestructura.

La crisis del coronavirus ha hecho bajar aún más los tipos de interés y ha alimentado incesantes oleadas de volatilidad en los mercados financieros. Mientras los inversores digerían el daño infligido por las medidas de confinamiento a la economía mundial, la renta variable global se desplomó en lo que resultó ser el mercado bajista más rápido de la historia. Los precios de los bonos corporativos también se derrumbaron.

En cambio, los activos de infraestructuras no se vieron afectados en gran medida por estos acontecimientos, ya que los gobiernos necesitaban las instalaciones. Esto sirvió para acentuar el valor de este tipo de activos como diversificadores en una cartera de inversión. Dados los riesgos asociados al cambio climático, la disminución de los recursos naturales y los cambios demográficos, esperamos que el universo de las infraestructuras invertibles crezca a nivel mundial. Por ejemplo, el rápido envejecimiento de la población significa que hay una creciente necesidad de activos que generen ingresos fiables para la jubilación. Los activos de infraestructuras están bien posicionados para proporcionar los flujos de ingresos deseados a largo plazo. Un ejemplo actual es nuestra inversión en una de las plantas desalinizadoras de agua de mar más avanzadas tecnológicamente y eficientes energéticamente de Norteamérica. Este activo se gestiona en nombre de los planes de pensiones del sector público.

La solidez de las inversiones depende en gran medida de que los gobiernos opten por adquirir infraestructuras utilizando el capital y la experiencia del sector privado. Pero este proceso puede ser largo y complejo, lo que requiere capital comprometido e inversores pacientes. Los retrasos se ven agravados por la incertidumbre política y los cambios en las normativas y leyes, como la fiscalidad.