Diario

Cómo revivir la economía mundial del impacto del COVID-19

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Desde finales de febrero los mercados se han hundido debido a la pandemia generada por el coronavirus (COVID-19) y no solo está en peligro la salud pública, sino también la salud de la economía mundial.

Los Bancos Centrales, tras percatarse de que el PIB global probablemente disminuirá durante parte de este año y que nos enfrentamos a una crisis crediticia, se han apresurado a tomar medidas que nos recuerdan, inevitablemente, a la crisis sufrida del 2007-2009.

Hemos podido observar que las decisiones que han tomado apenas han tenido efecto y no parece que vayan a ser la solución que la economía mundial necesita. En parte, debido a que los tipos de interés, la principal arma de los Bancos Centrales, ya se encuentran a niveles muy bajos. Una de las reglas de oro para luchar contra una crisis es que para resultar creíble necesitas tener suficiente munición de reserva, algo de lo que los Bancos Centrales carecen ahora mismo.

La tensión en los mercados y en la economía también proviene de la peculiaridad del shock al que nos enfrentamos, ya que afecta a la oferta, a la demanda y a la confianza. La duración de esta situación anómala en los mercados dependerá de la severidad del brote y de las medidas que se tomen para controlarlo. Por eso los Bancos Centrales saben que necesitarán estímulos fiscales y medidas financieras concretas para ayudar a las empresas y a los ciudadanos a aguantar esta crisis crediticia que se avecina.

Una de las maneras en las que la pandemia afecta a la economía es alterando la oferta de trabajo, de bienes y de servicios. La gente enferma, los colegios cierran y se confina a la población. La cuarentena puede obligar a cerrar empresas casi en su totalidad. A esto hay que sumar los problemas que se generan sobre la demanda, como la drástica disminución del gasto como consecuencia del aislamiento. Esto no se puede solucionar facilitando el crédito al consumo porque no hay forma de consumir, por lo que la actividad solo se reanudará cuando el brote haya acabado.

Si una empresa deja de ingresar durante un tiempo tiene que seguir pagando una serie de costes fijos y, si esto se prolonga en el tiempo, las deudas que pueden generar quizá no sean asumibles por su caja haciendo que entren en quiebra.

Muchos trabajadores tampoco cuentan, por desgracia, con suficiente liquidez para emergencias y si pierden o reducen drásticamente sus ingresos también deben hacer frente a una serie de pagos fijos, como son la hipoteca/alquiler y los bienes de consumo necesarios. Este temor puede acrecentar el problema sobre la demanda si la gente decide acumular efectivo.

Por esta razón, los Gobiernos de todo el mundo se están centrando en medidas mucho más concretas como las anunciadas recientemente por el Gobierno de España. Medidas que garanticen que durante este “parón” en la economía tanto empresas como trabajadores podrán hacer frente a sus costes fijos sin perjuicio para que cuando todo haya acabado puedan retomar con normalidad su actividad diaria.

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