Diario

La eleccion de Macron y las reacciones internacionales

La elección de Macron

Por fin se terminó el culebrón francés. Emmanuel Macron ha sido elegido nuevo presidente francés y espanta los fantasmas del “Frexit”. La mayoría de capitales europeas aplaudían la victoria del candidato independiente. Aunque todavía no sabemos cómo afrontará los problemas en los que se encuentra inmersa Francia, al menos apoya el proyecto europeo y su continuidad.

La gran mayoría de gobiernos europeos respiraron tranquilos con el resultado electoral. Incluso la canciller alemana Angela Merkel celebró la victoria de Macron, aunque con cierto recelo, ya que no le gustan las ideas del nuevo presidente galo para la eurozona. La presidenta alemana ha dejado claro que las propuestas que persigue Macron para la eurozona no son discutibles actualmente. Se refiere al lanzamiento de eurobonos para compartir la deuda europea, la reducción del superávit comercial alemán o la reforma del pacto de estabilidad.

Algunas de estas controversias, como el superávit comercial alemán, han sido criticadas con dureza por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los representantes alemanes han preferido culpar al resto de Europa que a ellos mismos. La canciller alemana, mientras, se muestra cauta. En septiembre aspira a conseguir su cuarto mandato y es consciente de que estas medidas que propone Macron no van a ser populares en su país.

Por otro lado, hemos podido entrever que Macron no era el candidato favorito del presidente ruso, Vladímir Putin. El Kremlin quería una victoria de la nacionalista Marine Le Pen. Pensaban que si la ultraderechista salía elegida se desentendería de las crisis de Siria y Ucrania y apoyaría que se levantaran las sanciones económicas que sufre el Kremlin. Pese a la derrota de Le Pen, los medios rusos hicieron una lectura positiva con el ascenso del Frente Nacional, añadiendo que “se coloca en la mejor posición para convertirse en un verdadero movimiento de oposición a Emmanuel Macron”.

En su programa electoral, Macron aseguraba que los europeos teníamos un enfoque ingenuo de la globalización, y defendía el concepto de “reciprocidad”; es decir, que las empresas exportadoras asiáticas son bienvenidas siempre que las empresas europeas sean recibidas del mismo modo en su territorio, algo que actualmente no ocurre.

El nuevo presidente galo trae un aire fresco para la economía europea. Quiere que las cosas cambien a mejor y trae ideas nuevas para intentar conseguirlo. Por ahora son solo palabrería, acaba de llegar y le queda un largo camino por recorrer.

 

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