Los costes ocultos de los ETFs

Diario
Los costes ocultos de los ETFs

Los Exchange Trade Funds (ETFs) están de moda. La inversión indexada parece la revolución de la inversión patrimonial. Muchos son los que los aclaman como la evolución de los fondos tradicionales de gestión activa, centrando sus argumentos en la rentabilidad y los costes, pero nadie se ha parado a investigar a fondo los costes ocultos de los ETFs.

El éxito de los ETFs nace de los estudios de rentabilidad a largo plazo de los fondos de gestión activa y sus índices. Es cierto que son poco los fondos de gestión activa que superan la rentabilidad de su índice a largo plazo, pero los hay. En cambio, algo que no nos cuentan de los ETFs, es que estos nunca los superan. La rentabilidad de estos productos es la misma que el índice de referencia menos los costes.

Los costes de los fondos de gestión activa se detraen de su rentabilidad. Por lo cual, los costes que asume el cliente no son difíciles de entender: parte de estos costes van dirigidos al comercializador (retrocesión) y parte, a los costes del fondo. Estos últimos se retrotraen del valor liquidativo de las participaciones, por lo que el inversor no lo percibe directamente. Con los ETFs la cosa cambia. Son varios los costes ocultos de los ETFs que no se aclaran cuando se habla de ellos.

Empecemos con los gastos de operativa. Los ETFs cotizan, lo que supone tener que pagar cánones y otros costes al comprar las participaciones en bolsa. También hay que tener en cuenta los gastos de mantenimiento de la cuenta de valores, la comisión del bróker… Todos estos gastos los asume el inversor. Como hemos dicho anteriormente, con la gestión activa estos gastos se detraen de la rentabilidad del fondo. Con los ETFs solo los gastos comunes con los fondos de gestión activa (auditoría, depósito, tasas…) se detraen de la rentabilidad, el resto los paga el inversor de su bolsillo.

Además, en España con los ETFs no existe la traspasabilidad fiscal de la que gozan los fondos tradicionales. Esto supone que cada vez que se necesite rotar posiciones en la cartera habrá que pagar al fisco. Lo que significa menos dinero acumulado a lo largo de la inversión y, por lo tanto, menos rentabilidad. Todos estos gastos a largo plazo se amplifican, alcanzando porcentajes que nos hacen dudar del tan famoso abaratamiento de costes que tienen los ETFs.

Los ETFs no son la panacea. Veamos primero a ver si, como adelantan en la prensa, los igualan fiscalmente a los fondos tradicionales. Es entonces cuando debemos estudiarlos, compararlos y ver si realmente se ajustan a las necesidades del inversor.

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