Los fondos de capital riesgo cambian su manera de invertir

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Los fondos de capital riesgo están repletos de dinero y tienen más de 1,1 billones de dólares preparados para invertir alrededor del mundo, según datos de la consultora Preqin.

Tan caldeado está el mercado que incluso existen rumores de que hay empresas rechazando dinero. Incluso los propios fondos de capital riesgo que cobran comisiones en función de los activos gestionados no son capaces de administrar todo el dinero que los inversores les ofrecen, y no precisamente por falta de interés. En lo que llevamos de año se han visto casi 1.000 adquisiciones de capital riesgo.

Más interesante que el volumen de dinero que les llega a estos fondos es la manera en la que está evolucionando el negocio del capital riesgo. Los bancos están reconfigurando sus operaciones para prestar mejores servicios a esta clientela que proporciona un volumen alto de transacciones. Fondos de pensiones, fondos soberanos, fondos de dotación (endowments) y family offices, que son los actores que más contribuyen a los fondos de capital riesgo, están empezando a adquirir unos roles más activos.

Goldman Sachs tiene a 25 banqueros especializados en fusiones asignados a firmas de capital riesgo trabajando codo con codo con colegas especializados en las distintas industrias para dar servicio a acuerdos por todo el mundo. Sus analistas monitorizan 5.500 inversiones de capital riesgo, lo que supone un 50% más que el número de empresas listadas en EEUU y los otros grandes bancos institucionales, como son Morgan Stanley y JPMorgan Chase, tienen cifras similares.

El cambio más significativo puede que se haya dado en su base de clientes. En los últimos dos años el número de inversores institucionales con más de 1.000 millones ha pasado de 304 a 359, según datos de Preqin; y entre todos suman 1,5 billones de dólares, la mitad del total de activos de capital riesgo mundial, y no se limitan a dar dinero a los fondos de capital riesgo, cada vez más coinvierten de manera directa en los buy-outs.

Este nuevo paradigma también tiene su efecto en las empresas, ya que muchas se plantean por qué aceptar los costes y el escrutinio que supone vender tus acciones en el mercado cuando hay inversores sofisticados y ricos que están interesados en tus acciones. Y cuando un propietario de capital riesgo quiere vender, otro puede encontrar los inversores para comprar.

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