¿Un robo advisor en nuestro entorno de trabajo?

Diario
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La aplicación de inteligencia artificial (IA) ya es una realidad en muchos sectores, como en el caso de la economía con la llegada de los Robo Advisor, pero se está abriendo paso también en el mundo empresarial. Compañías de todos los tipos y sectores están aprovechando la IA para predecir la demanda, contratar trabajadores y atender a los clientes.

Inteligencia artificial en cifras

En 2017 las empresas se gastaron unos 22.000 millones de dólares en fusiones y adquisiciones relacionadas con la IA, una cantidad 26 veces superior a la de 2015. Según el Instituto Global de McKinsey, en los próximos veinte años aplicar IA al marketing, a las ventas y a las cadenas de suministros podría generar un valor económico, incluyendo beneficios y eficiencia, de unos 2,7 billones de dólares. Incluso el máximo responsable de Google, Sundar Pichai, ha llegado a afirmar que la IA hará más por la humanidad que el fuego o la electricidad.

Estas predicciones tan grandiosas generan tanto esperanza como ansiedad. Muchos piensan que esto podrá destruir puestos de trabajo mucho más rápido de lo que será capaz de crearlos. En el mundo de las finanzas este debate se ha vivido y continúa viviéndose sobre si un Robo Advisor podrá sustituir a un asesor tradicional.

IA en el lugar de trabajo

Menos conocido pero igual de importante es conocer cómo la IA transformará el lugar de trabajo. Los empleadores pueden ganar un control extraordinario sobre sus empleados.

La vigilancia en el trabajo no es algo nuevo. Ya existen mecanismos de control como máquinas para fichar o herramientas de administrador que permiten conocer la actividad de los empleados en determinados programas. Pese a que existe regulación al respecto, esto no abarca ni de lejos todas las posibilidades que la IA permite a la hora de recabar datos sobre los empleados.

Mientras reguladores y empleados sopesan los pros y contras de introducir IA en el lugar de trabajo, tres principios deberían guiar las decisiones que se tomen:

– Los datos deberían ser lo más anónimos posible

– Los empleados deberían ser informados de qué tecnologías se usan y qué datos se están recabando.

– Los reguladores deberían poder solicitar en todo momento los datos que sobre ellos se han recogido, incluidos ex trabajadores y solicitantes.

La inclusión de IA en el lugar de trabajo significará un intercambio entre privacidad y rendimiento. Un equipo de trabajo más justo y más productivo es lo que se puede llegar a conseguir, pero no si atenta contra las libertades fundamentales de los empleados. Encontrar el equilibrio requerirá un trabajo en equipo y bien intencionado por ambas partes y, sobre todo, una gran dosis de humanidad.

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