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¿Son las opciones una solución para proteger las carteras de inversión?

carteras de inversión

Según un estudio de AQR Capital Management, en esencia las opciones llevan un sobrecoste que detrae la rentabilidad de las carteras de inversión a largo plazo.

Si un inversor compra una cartera de acciones se expone a la volatilidad del mercado. Las acciones pueden tener caídas bruscas y la protección más habitual suele ser comprar bonos del Estado. Cuando llega una recesión, los bonos tienden a aumentar su valor a la vez que los tipos de interés descienden. Los bonos están actuando como una especie de seguro que además paga al inversor un pequeño retorno, el cupón.

En el estudio de AQR se estudiaban los peores periodos del mercado desde 1971 para una cartera de inversión formada por un 60% de acciones y un 40% de bonos y se comparaba frente a una estrategia de protección basada en opciones.

Como era de esperar, la estrategia de protección basada en opciones resultó más beneficiosa en las caídas abruptas, como la que se produjo entre febrero y marzo de este año 2020. El estudio muestra que en periodos inferiores a 3 años la estrategia de opciones ejerce una mayor protección, pero una vez se superan esos 3 años el coste de las opciones afecta tanto a la rentabilidad que la cartera del 60/40 empieza a ser, en determinados escenarios, una mejor opción. En periodos de más de 10 años parece ser la opción más rentable.

Sin embargo, el uso de las opciones para mitigar el riesgo es algo habitual en el mundo de la inversión y, si se piensa fríamente, hasta intuitivo. Cuando uno compra un seguro sabe que las probabilidades están a favor del asegurador. Las grandes aseguradoras obtienen año tras año beneficios pero la adquisición de seguros no deja de tener sentido pese al coste, como por ejemplo es habitual tener un seguro de hogar.

Entonces, ¿por qué muchos profesionales de la inversión utilizan las opciones pese al estudio arriba mencionado? Pongamos el siguiente ejemplo. Un ganadero obtiene por su negocio un 10% anual en un periodo de 10 años, pero esos retornos son muy dispares. Importa mucho la secuencia en la que se produzcan. Dos años seguidos con precios por debajo del coste le pueden llevar a la quiebra. Un seguro que reduzca su rentabilidad hasta el 6% anual a cambio de garantizar la viabilidad parece una muy buena opción.

Podemos aplicar la misma lógica para un inversor o jubilado que vive del retorno de sus inversiones. Una caída importante en el precio de las acciones podría afectar drásticamente a sus ingresos y es posible que no pueda esperar el tiempo necesario a los métodos alternativos, por no mencionar que estrategias que funcionaron en el pasado pueden no funcionar en el futuro (con los tipos de interés por los suelos es complicado que estos bajen lo suficiente como para que los bonos sufran una apreciación que compense una grave caída del mercado).

El problema es que el precio de las opciones varía mucho con el tiempo y encontrar aquellas con más potencial de pago a un buen precio no está al alcance del inversor final. Por eso el uso de vehículos regulados como los fondos de inversión, en los que los inversores finales ceden la gestión de su dinero a inversores profesionales, son una magnífica opción para que estos se beneficien del trabajo y conocimientos de profesionales de la inversión.

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