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Por qué America First Energy Plan de Trump tendrá un efecto limitado

America First Energy Plan

Trump ha firmado una orden ejecutiva por la cual daba marcha atrás en la mayor parte del Plan de Energías Limpias (CPP por sus siglas en inglés) de Obama y extendía los apoyos para la minería del carbón. El objetivo del CPP era reducir las emisiones de CO2 procedentes de la generación de energía eléctrica en un 32% para 2030 frente a los niveles de 2005. Esto se iba a conseguir principalmente gracias al cierre de plantas que emplean combustibles fósiles y mediante el empleo cada vez mayor de energías renovables para sustituirlas.

A pesar de que podría parecer que las intenciones de Trump van a suponer un freno para las perspectivas de crecimiento del sector de energías renovables y servicios públicos en Estados Unidos, hemos detectado cinco importantes razones que nos llevan a pensar que su impacto será limitado:

1 – Precio y capacidad de las energías renovables: el precio de la energía solar y eólica sigue reduciéndose rápidamente y además en muchas regiones de Estados Unidos estas energías ya ofrecen mejores características económicas en comparación con otras fuentes tradiciones de energía. Dado que los precios del gas se encuentran también en niveles muy bajos, la mayor parte de las adiciones de capacidad a gran escala a día de hoy en Estados Unidos proceden de tres mercados principales: solar (8GW), gas natural (9GW) y eólico (9GW) que en conjunto supusieron el 93% de las adiciones en 2016. Por el contrario, solo se han añadido 20GW de nueva capacidad en carbón en los últimos 15 años, menos de 1GW en cada uno de los últimos años.

2 – Las grandes empresas respaldan las energías renovables: las motivaciones económicas de compañías como Google o Apple, por citar solo algunos ejemplos, también están detrás de los proyectos corporativos de energías renovables, que se han convertido en un importante motor para la industria en los últimos años.

3 – Contradice la iniciativa de Trump para devolver puestos de trabajo y crecimiento a Estados Unidos: la creación de puestos de trabajo ha sido una de las promesas más importantes de Trump. En este sentido, sería un gran error ignorar la industria de energías renovables, sobre todo porque ha supuesto una importante fuente de empleo en muchos de los estados republicanos que han apoyado la campaña de Trump. A finales de 2016, la industria de turbinas eólicas norteamericana contaba con 102.000 trabajadores (un crecimiento del 16% en términos anuales) y la industria solar doblaba esta cifra. Esto contrasta con los menos de 66.000 trabajadores de la industria del carbón.

4- Los beneficios a largo plazo de los proyectos de energías renovables: las centrales energéticas son proyectos muy intensivos en lo que se refiere a consumo de capital y cuentan con una vida muy larga, por ejemplo un parque eólico puede funcionar al menos 25-30 años. Por tanto, las decisiones de inversión deben tomarse a partir de una opinión razonada y a largo plazo y no en función de un ciclo político de cuatro a ocho años. Sobre todo porque es poco probable que los cambios en las políticas climáticas del gobierno vayan a detener la reducción de los costes de las energías renovables. La empresa pública americana Xcel Energía supone un claro ejemplo dado que acaba de anunciar una inversión de 4.000 millones de dólares en energía eólica en diferentes estados norteamericanos. En base a sus planes de energías renovables, Xcel espera que se produzca una reducción de al menos el 45% en las emisiones de dióxido de carbono para 2021 frente a los niveles de 2005, al mismo tiempo que se espera que los proyectos eólicos permitan a los consumidores de la región ahorrar más de 4.000 millones de dólares de su recibo eléctrico durante la vida del proyecto.

5-Apoyo regulatorio bipartito. La orden ejecutiva de Trump no apuntaba a ningún cambio ni en los actuales créditos fiscales a la inversión ni en los créditos fiscales a la producción que constituyen los dos mecanismos federales más importantes de apoyo a las energías renovables en Estados Unidos. Con un amplio respaldo de los dos partidos, ambos incentivos han sido prorrogados durante varios años a finales de 2015. Junto con estas medidas federales, la mayoría de los estados han definido objetivos a largo plazo específicos de cada estado que requieren una producción cada vez mayor de energía procedente de fuentes renovables, por ejemplo California se ha fijado un objetivo del 50% para 2030.

El efecto inmediato del nuevo orden de cosas es que quizás algunas centrales de carbón, que estaban abocadas al cierre en los próximos años, podrían continuar con sus operaciones. Para los inversores, esto quiere decir que habrá más ruido que impacto real. Creemos que los fundamentales de las compañías en las que invertimos se mantienen intactos y no vemos ningún motivo para pensar que las perspectivas de crecimiento de la industria se van a deteriorar, ni ahora ni en futuro cercano.

Christian Rath, analista temático en Vontobel AM

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