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Economía: China como nuevo hub financiero

Economía

La guerra comercial abierta entre China y EEUU se está extendiendo cada vez a más estratos de la economía. Buen ejemplo son las disputas en tecnología con Huawei pero donde parece que no ha llegado ese conflicto es al mundo financiero.

BlackRock, la gestora más grande del mundo, ha recibido el visto bueno para constituir un negocio de fondos de inversión en China. Vanguard, una de sus principales competidoras, está cambiando su sede asiática a Shanghai. JPMorgan Chase, el banco, puede llegar a gastarse más de 1.000 millones de euros en comprar el control de su filial conjunta en China de gestión de patrimonios. Las gestoras internacionales han comprado en 2019 200.000 millones de euros de acciones y bonos de China continental. Lejos de buscar un beneficio cortoplacista, estas inversiones sugieren una apuesta a largo plazo para que China acabe convirtiéndose en un hub financiero de referencia para la economía.

Los mercados de capitales occidentales y, en especial los de EEUU, son los que ostentan las posiciones dominantes. Los derivados se negocian a menudo en Chicago, las divisas en Londres y en el apartado de la banca de inversión y de la gestión, son las empresas norteamericanas las grandes dominadoras.

EEUU ha tratado de usar este dominio como arma en la guerra comercial frente a China pero lo único que se ha conseguido ha sido mostrar al mundo entero el músculo financiero que hoy tiene el país asiático. Un gran número de empresas están optando por hacer sus OPVs en Hong Kong, especialmente las que buscan alternativas a la Bolsa de Nueva York. Un ejemplo: con la salida a bolsa de Ant Group, China está a punto de consolidarse como uno de los centros de referencia para las fintech en la que se calcula que será la mayor OPV de la historia.

China ha cambiado su política y está dando la bienvenida al mundo financiero extranjero. La razón puede tener que ver con que su superávit de cuenta está destinado a reducirse al mínimo o incluso a caer en el déficit, por lo que necesita el capital extranjero. Las condiciones de entrada han mejorado y ahora China permite ya a las empresas extranjeras tomar el control de sus operaciones en suelo chino y ha facilitado la compra-venta de títulos a las gestoras de fondos de inversión. Los beneficios para las empresas son enormes: una nueva fuente de ingresos por comisiones para los bancos de Wall Street y para las gestoras de fondos de inversión un vasto universo potencial de empresas en las que invertir.

Como siempre no hay beneficio sin riesgos: China podría en cualquier momento modificar las leyes para proteger a los bancos y brókers locales, la posible corrupción de las autoridades, la vigilancia para el cumplimiento de los derechos humanos o lidiar con las posibles sanciones del regulador de EEUU son algunos de ellos. Pero distan mucho de los riesgos a los que se enfrentan las grandes tecnológicas (Apple ensambla sus teléfonos en China), ya que el top cinco de bancos de Wall Street tienen una exposición a China y Hong Kong de un 1,6%.

La habilidad de China para atraer empresas de Wall Street durante la guerra comercial demuestra la influencia de su mercado pero está todavía lejos de poder ser una superpotencia financiera. Para ello debería crear su propia infraestructura global de finanzas y pagos y facilitar la conversión del yuan a otras divisas. Las empresas chinas, por otra parte, tienen una presencia en el extranjero muy pequeña y la mayoría de su comercio lo hacen en dólares, lo que las expone a sanciones de EEUU.

Llegar a construir una alternativa a la red monetaria estadounidense es una tarea titánica que puede llevar años y requeriría que el Gobierno chino relajase más su normativa financiera. Desde luego la guerra comercial ha supuesto un aliciente para que den un paso más en la dirección de convertirse en el próximo hub financiero.

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