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El punto de inflexión de las infraestructuras

Aberdeen Standard
Gershon Cohen
Gershon Cohen, Global Head of Infrastructure Funds, ASI

Al mismo tiempo que escribo estas perspectivas sobre las infraestructuras bajo regimen de concesión , El Primer Ministro del Reino Unido, Boris Johnson, y el destacado medioambientalista Sir David Attenborough están presentando la próxima cumbre del clima COP26 de las Naciones Unidas (ONU). Esta se celebrará en Glasgow en noviembre de 2021. Las principales economías del mundo se han comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero durante la próxima década, y cada país decidirá cómo contribuirá a mantener el aumento de la temperatura global muy por debajo de los 2⁰C. Las infraestructuras desempeñarán un papel clave en los objetivos del cambio climático.

Las razones macroeconómicas para invertir en infraestructuras nacionales nuevas y existentes no han cambiado. En todo caso, la necesidad de acelerar las inversiones es cada vez más acuciante. El crecimiento demográfico, la urbanización, la industrialización, la competitividad y el deseo de mantener y mejorar el nivel de vida de los ciudadanos son los principales argumentos. La demanda actual de inversión en infraestructuras se ha visto exacerbada por la falta de inversión en el pasado y el crecimiento de la movilidad.

Las oportunidades de inversión en infraestructuras abarcan múltiples sectores que prestan servicios públicos esenciales. Por lo general, estos proyectos pretenden generar ingresos sostenibles a largo plazo, al tiempo que tratan de salvaguardar el medio ambiente y/o aportar beneficios sociales. Incluyen proyectos energéticos, planes de transporte, puertos aéreos y marítimos, instalaciones de gestión de residuos, escuelas y hospitales. Se trata de sistemas físicos básicos que se consideran esenciales para impulsar la productividad de la economía. Las actuales presiones fiscales y la necesidad de que los gobiernos adopten disciplinas más comerciales están poniendo de manifiesto la necesidad de contar con la experiencia y el capital del sector privado.

La presión fiscal tras la crisis financiera mundial de 2008 y la actual pandemia mundial de coronavirus ha afectado a la inversión en infraestructuras. Los gobiernos son cada vez más incapaces de financiar proyectos de infraestructuras con fuentes tradicionales, como los impuestos. Esto ha llevado a una mayor necesidad de capital privado. Pero también ha creado la necesidad de que el sector público dé prioridad a sectores clave en los que invertir, como la energía y el transporte. Esto nos lleva a un punto de inflexión interesante, pero actual. Las infraestructuras de generación de energía y transporte que se necesitan para los próximos 30 años han sido históricamente un factor clave en los niveles de gases de efecto invernadero que ahora son peligrosos.

En respuesta, los gobiernos intentan ahora evitar más cambios climáticos adversos y salvaguardar los recursos naturales. En el centro de las agendas fiscales «verdes» está la inversión en proyectos de infraestructura. Entre ellos se encuentran los generadores de energía con cero emisiones de carbono, las plantas de reciclaje de residuos, el almacenamiento de baterías, las redes de recarga de automóviles y los sistemas de gestión del agua. Resulta alentador que el descenso de los costes tecnológicos y las economías de escala estén aumentando los beneficios, lo que está impulsando nuevos flujos de inversión en activos de infraestructura.

La crisis del coronavirus ha hecho bajar aún más los tipos de interés y ha alimentado incesantes oleadas de volatilidad en los mercados financieros. Mientras los inversores digerían el daño infligido por las medidas de confinamiento a la economía mundial, la renta variable global se desplomó en lo que resultó ser el mercado bajista más rápido de la historia. Los precios de los bonos corporativos también se derrumbaron.

En cambio, los activos de infraestructuras no se vieron afectados en gran medida por estos acontecimientos, ya que los gobiernos necesitaban las instalaciones. Esto sirvió para acentuar el valor de este tipo de activos como diversificadores en una cartera de inversión. Dados los riesgos asociados al cambio climático, la disminución de los recursos naturales y los cambios demográficos, esperamos que el universo de las infraestructuras invertibles crezca a nivel mundial. Por ejemplo, el rápido envejecimiento de la población significa que hay una creciente necesidad de activos que generen ingresos fiables para la jubilación. Los activos de infraestructuras están bien posicionados para proporcionar los flujos de ingresos deseados a largo plazo. Un ejemplo actual es nuestra inversión en una de las plantas desalinizadoras de agua de mar más avanzadas tecnológicamente y eficientes energéticamente de Norteamérica. Este activo se gestiona en nombre de los planes de pensiones del sector público.

La solidez de las inversiones depende en gran medida de que los gobiernos opten por adquirir infraestructuras utilizando el capital y la experiencia del sector privado. Pero este proceso puede ser largo y complejo, lo que requiere capital comprometido e inversores pacientes. Los retrasos se ven agravados por la incertidumbre política y los cambios en las normativas y leyes, como la fiscalidad.

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