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Rusia-Turquía: guerra de pavos por Acción de Gracias

A raíz del incidente del pasado martes 24 de noviembre, en el que un avión Su-24 de la fuerza aérea rusa fue derribado en la frontera entre Siria y Turquía, los principales actores llamaron a la prudencia. Entre ellos, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, pues Turquía es miembro de dicho organismo y, en cambio, Rusia dijo que no vulneró el espacio aéreo turco y ha roto relaciones militares con Turquía.

Este suceso, que se emplaza dentro de una serie de piezas de un gran puzzle en la región y diversas alianzas entre los distintos actores, no tendrá más repercusión que la mediática del momento, pues ambos protagonistas tienen importantes relaciones, a destacar la económica.

La relación económica se puede ver en datos de comercio. El año pasado Rusia fue el primer proveedor con unos 23.300 millones de dólares, un 10,4% de las importaciones, y Turquía alcanzó 6.600 millones de dólares exportados a Rusia como séptimo socio en el país.

Dos importantes acuerdos para el desarrollo de Turquía dependen de esta relación. El primero de ellos es el gaseoducto que tiene previsto construir Rusia hacia Turquía evitando su paso por Ucrania, y que también llegaría a Europa, pues Turquía es el segundo país importador de gas de Rusia y supone para aquellos más de la mitad del suministro importado. El segundo gran proyecto es la construcción de la central nuclear de Akkuyu, que reduciría la importación de otros combustibles como el carbón y en menor medida del petróleo, y daría muestra de una menor dependencia energética exterior.

Otros sectores como el automovilístico, el textil, el de la construcción o los productos agroalimentarios (pues existe una importante población de origen turcómano) podrían verse afectados por una ruptura o aumento de la tensión de las relaciones. Tampoco Rusia puede arriesgar mucho tras una crisis durante este año con el desplome del rublo como consecuencia de una fuerte caída del precio del crudo, además de las sanciones a los países europeos por la guerra civil en Ucrania.

Todo ello nos lleva a entender que la escalada de tensión no tendrá un impacto significativo tanto en el tiempo como en la intensidad, pues se juegan mucho a nivel económico y a nivel político.

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