Los metales preciosos están listos para un fuerte rebote

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Los precios de las materias primas se han enfrentado a mucha volatilidad en los últimos meses. En principio, tuvieron que enfrentarse a un shock de la demanda (el coronavirus en China y su propagación en el extranjero), luego a un shock positivo de la oferta (la sobreproducción de la OPEP y Rusia). Ahora se producirá un shock negativo de la oferta debido a las paradas de las industrias de producción de materias primas que implican un procesamiento y una manipulación intensivas en mano de obra.

Son estas cuestiones logísticas y de producción las que comienzan a presionar ahora a los exportadores de materias primas en América del Sur. Algo que ocurre mientras China se recupera lentamente de la crisis y por lo tanto necesita importar más granos y carnes a medida que se normaliza la actividad.  Sin embargo, vemos que cada vez más puertos de América del Sur y África se cierran por razones de seguridad. También las grandes empresas mineras de América del Sur, África e Indonesia comenzarán a trabajar con una capacidad reducida que reducirá la oferta introduciendo el riesgo de que China (el mayor consumidor de productos básicos) vuelva a los niveles normalizados y que los problemas de producción se mantengan en el resto del mundo.

Por su parte, el mercado de petróleo tiene que hacer frente a acumulaciones extremas de inventarios. En este contexto, la pregunta que cabe hacerse es cuándo se enfrentarán Rusia y Arabia Saudita a la realidad para decidir que su batalla no es una lucha en la que todos ganan. El actual exceso de oferta destruirá los planes de inversión y financiación a largo plazo de los productores de esquisto y las grandes petroleras, pero también pondrá precio a la demanda de energías renovables. Así que cuanto más tiempo permanezca el exceso de oferta a corto plazo, mayores serán las ganancias a largo plazo.

El gas natural sufrirá un contango extremo debido a la limitada capacidad de almacenamiento y a que las exportaciones de GNL se han detenido. Nuestro modelo de demanda de gas en EEUU refleja los patrones de demanda de los fines de semana, el suministro de gas asociado bajará lentamente pero esa respuesta ocurrirá a finales de este año.

Mientras tanto, los metales preciosos están listos para un fuerte rebote. Sí, el oro (precios en dólares) también se comportó peor que en las últimas semanas, principalmente porque los tipos nominales reaccionaron más rápido que los rendimientos reales y los fondos de cobertura y las economías emergentes se vieron obligados a liquidar el oro para tener liquidez en dólares. Pero una vez acabe la restricción de liquidez en divisa estadounidense. El metal preciosos experimentará una fuerte subida cuando veamos tipos negativos por parte de los bancos centrales, la llegada del dinero helicóptero, así como la expansión incontrolada de los balances de los gobiernos.

 Autor: Michel Salden, gestor de Vontobel AM

Inversión: crece la demanda por los criterios de calificación ESG

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La inversión por criterios ESG (medioambientales, sociales y de gobierno corporativo) puede generar muchos debates sobre su influencia en los retornos, pero lo que es innegable es que ha ganado una gran relevancia en el mundo de la inversión y los mercados. Casi 3 billones de euros de activos institucionales dependen de clasificaciones ESG y se prevé que esta cifra siga aumentando.

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Claves para no tener pánico

Gestoras

Autor: Alexander Roose, responsable de renta variable internacional de DPAM (gestora belga del grupo Degroof Petercam).

  • Si observamos la reacción del mercado de las últimas semanas, ésta fue la corrección más brusca y rápida del S&P500 desde 1964 y tendríamos que volver a la década de 1970 para ver una caída tan repentina de los precios del petróleo. El índice iTraxx Crossover ha llegado a niveles no vistos desde 2011 – 2012 y los índices de volatilidad diarios han estado «compitiendo» en magnitud con aquellos registrados en 2008.
  • A diferencia de 2008, esta vez, los catalizadores (el COVID-19 y la caída de los precios del petróleo) de los violentos descensos del mercado bursátil fueron exógenos al sistema financiero, con el aumento de las tensiones del flujo de capital que crearon una crisis crediticia. En 2008 – 2009, el principal problema era el riesgo de contrapartida en los mercados financieros tras la quiebra de Lehman Brothers. En la actualidad, una posible ola de impagos en una serie de ámbitos (por ejemplo, el petróleo de esquisto o los viajes) podrían contaminar a las empresas más estables y al sistema financiero.
  • Una recesión mundial es ahora inevitable (el cambio de la política petrolera en Arabia Saudí fue «la gota que colmó el vaso»), ya que rara vez hemos visto tal alteración del crecimiento económico a nivel mundial y los analistas o economistas están reduciendo sus estimaciones a un ritmo vertiginoso.
  • Para poner fin a la caída del mercado, necesitamos intervenciones monetarias y fiscales aún más enérgicas y coordinadas, más allá de las numerosas medidas de «soporte vital» ya adoptadas y, por supuesto, la tasa de infectados diarios en los países de la Unión Europea también debe disminuir.
  • En cuanto a las medidas, se requiere la compra directa de deuda corporativa (o incluso préstamos directos a las empresas). Actualmente, esto no entra dentro del alcance del ámbito de la Reserva Federal, pero podría ampliarse. Además, se necesitan más medidas fiscales por parte de países como Alemania o el G7, y también deben evitarse los problemas de comunicación pública.
  • En 2008 – 2009, los bancos centrales e incluso los gobiernos se vieron obligados a innovar en lo que respecta a las herramientas monetarias y fiscales, ya que la crisis era de carácter sistémico. Hoy en día, los políticos están mejor preparados ya que la mayoría de estas herramientas han sido probadas, aunque se necesitan más medidas de apoyo no convencionales. Al mismo tiempo, los gobiernos necesitan incurrir en mayores déficits fiscales, una opción que es más asequible y aceptable a la luz de los tipos de interés actuales. Esta vez, los bancos no son la causa principal de la crisis.
  • En DPAM creemos que es demasiado tarde para vender acciones y esto a pesar de que hemos estado muy atentos a la liquidez y al apalancamiento de nuestras posiciones, evitando al mismo tiempo aumentarlas en las empresas y sectores que están en el ojo del huracán. Entre ellos se encuentran aerolíneas, las empresas relacionadas con los servicios de alimentación o las empresas de petróleo y gas.  En el sector del transporte, por ejemplo, el impacto del aislamiento podría durar más de lo que se supone actualmente. Además, no hemos adaptado nuestras carteras de manera significativa, ya que, aprendiendo de la Gran Crisis Financiera del 2008, cuando los participantes en el mercado empiezan a «mirar por el valle», los movimientos ascendentes bruscos en varios sectores podrían causar un rendimiento sustancialmente inferior. El consejo es permanecer invertido y tener un horizonte de inversión de más de seis meses.